En tiempos de crisis e inestabilidad, la gestión del capital circulante es una de las primeras batallas a ganar.

En situaciones tan inestables como las actuales, donde se mezclan y acumulan los efectos de varias crisis diferentes, un ambiente inflacionario desconocido en muchos años y se añaden a una incertidumbre generalizada que afecta de forma global al mercado, muchas de las empresas que pierden la vida lo hacen por la falta de liquidez y no tanto por la reducción de actividad o ingresos. Evitar esta situación es una tarea compleja, ya que se trata de trabajar tanto en el ámbito de las estructuras o modelos de financiación externa, como el aprovechamiento y mejora de los procedimientos o rutinas internas para sacar partido de los tiempos entre cobros y pagos, de tal manera que se evite tensionar la tesorería de forma insalvable.  

Para poder actuar en este punto, la empresa dispone de la herramienta que supone gestionar su capital de trabajo o circulante, estableciendo estrategias compartidas entre todos los departamentos o áreas de la compañía que permitan disponer de una clara previsión de ingresos y gastos, y en consecuencia, planificar acertadamente las finanzas y establecer un modo profesionalizado de la gestión de la tesorería.

El objetivo es revisar y retocar en su caso, aquellas variables que afecten por ejemplo al importe medio del crédito que concedemos a los clientes, tratando de reducir las cantidades pendientes de cobro que tenemos “en la calle”, así como al nivel de stocks que mantenemos por encima de lo necesario, o la mejora de la financiación espontánea que nos ofrecen los proveedores y acreedores, todo ello sin perjudicar la captación de ventas. En nuestra experiencia, esta estrategia operativa resulta compleja porque para ser exitosa, debe armonizar y cuadrar acciones de las áreas funcionales de ventas, compras y almacén.  El desarrollo de acciones puntuales tiene por un lado un limitado efecto y pueden desencadenar más problemas que beneficios.

Entre el margen de actuación, se encuentra la revisión de las políticas de cobro y pago de la empresa. Por una parte, se trata de adelantar los cobros lo más posible pactando las condiciones con los clientes, o generando descuentos o beneficios para ello. En cuanto a pagos, lo más eficaz y recurrido es establecer un periodo o día de pago que permita ganar tiempo en los pagos, y obtener un flujo de tesorería negativo en el capital circulante. Al mismo tiempo, es critico centrar las acciones en reducir los inventarios que suponen un “peso muerto” en el capital circulante y que, al no implicar un coste directo a la cuenta de explotación, suelen pasar desapercibidos a la hora de aplicar políticas de choque ante las crisis.

En cualquier caso, además de ordenar estas cuestiones de tesorería, es importante actuar en el ámbito externo y aprovechar los recursos financieros que permitan el desahogo de la empresa. Son muchos los productos, pero es importante aprovechar el que mejor se adapta a las necesidades de la empresa y que mejores ventajas ofrezca. Los expertos entienden que las herramientas básicas para ello son las pólizas de crédito, el factoring, los descuentos comerciales, el confirming o los forfaiting, más vinculados a operaciones de comercio exterior, diseñando operaciones que permitan “estirar” las líneas de riesgo que dispone la compañía en base a la utilización óptima de productos y plazos

En este sentido, conviene recordar que recurrir a estos instrumentos tienen sus riesgos si no se hace de una manera planificada, bien organizada y con un análisis de los costes financieros bien meditado y, sobre todo, bien negociado.

Las circunstancias que vivimos son complejas y es recomendable no enfrentarse a ellas solos. La gestión del circulante, es una de las mejores herramientas para proteger a la empresa de la actual situación y estar bien asesorado, protegido y acompañado en la toma de decisiones por personas con experiencia y conocimientos, es una mayor garantía para alcanzar resultados.

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